Perfume de Hemanta

mayo 15th, 2012 § Dejar un comentario

Overspread with abundant rice crops and ornamented with herds of she-deer, and delightfully reverberated by the ruddy geese, with their calls and counter-calls, the complacent corridors of confines are captivating hearts…
Chapter IV Pre Winter. Rituu-samhaara, Kalidasa.

Se han enternecido las extensas plantaciones;
el ocaso legionario perpetra contra la tarde
pero no alcanza a entumecerla.
Moviéndose, fue hasta la orilla,
abandonado el aljez pardo a la contorsión en sus rodillas.
Árboles de Lodhra la circundan,
son infiltrados testigos de esa desaparición del astro en su espalda.
Ella inicia el ritual,
sube sedas para desarropar mayor tersura,
desata hebras trigueñas hasta permitirles el contoneo junto a la hermana brisa.
Ahora, desciende párpados, suspira.
Bebe eventual remolino e inhala, del hálito, fugaz resplandor.
El murmullo de su empeine también se desviste sobre las hojas.
Cuando la fuente natural ha atardecido,
pega sus palmas al frondoso chirrido azafranado,
y ensayan sus pasos un valsar indescrifrable en la corriente.
Lleva ungüentos herbales por compañía,
dos jazmines laten en la cuna de sus antebrazos.
Va permitiéndose resbalar
entonces sus dedos acarician con aceites de nardo
la donosura pilar entre los muslos.
Si un oteador inoportuno la observara, advertiría el sutil tintineo de sus pulseras,
repercusión untosa hacia el interior de las piernas,
luego un atenuado eco, desasido,
vuelto a ligar en las pantorrillas.
En este trance de complacencia, rememora lo runruneado en la noche anterior:
Muerde, amante, mis labios,
agudiza en mí el dolor cuando me deshabitas.
Aún contiene el hormigueo entre costillas; sus mejillas como frutos del rubor.
Saborea, mientras palpa su labio inferior,
la sangre se refresca en la laceración. Sorbe, delicada, robusta cicatriz.
Resulta común que ellos estigmaticen su propiedad, se dice,
en la última fricción que debe al masaje,
entretanto, en sus senos chocan collares multicolores,
oropeles destelleantes llamados campanillas que obsequian ojos de hombre.
Cisnes briosos, próximos, baten la transparencia del flujo;
esa mujer desenreda.
Extiende resina de aloe vera por su cabello,
atiborra raíces, más tarde, alonga el alivio de tal mixtura hacia las puntas.
Enjuga.
Es cuando la sesión insiste en retirada.
Imposible seguir vertiéndose en el lago,
toda fragancia femenina que condimentare el agua, debe esparcirse en las camas,
la pasión acusia el bendito don de los cuerpos confundidos.
Pronto, ha de desplegarse nuevamente el cansancio amatorio,
lejana del anterior reposo, revendrá en el cálido acuerdo de los Tiempos.
Así Hemanta comienza a concluir su ciclo.
Ninguna mujer desconoce que, cuando los pétalos de loto maduran,
las esencias del lapso del verano
deben ser trasladadas a los silos para evitar la nieve, allanadora inclemente.
Del mismo modo, las cestas con arroz granado, repletan en las comisuras de los segadores.

En algún extenuante atardecer de Febrero de 2012.

 

Este es un humilde homenaje a uno de los poemas más bellos escritos. Su autor hindú registró una extensísima producción literaria, considerada por los eruditos, difícil de superar hasta la fecha. Para satisfacción de algunos (me incluyo), sí se guardó el poema épico que desentraña cada instante del período en el cual transcurren las estaciones.
Los críticos afirman que la mayor imposibilidad de quien escribe radica en transportar verbalmente las sensaciones producidas por la Naturaleza, cada vez que repercuten en los sentidos. Las palabras convierten insuficiente cualquier significación, por eso es que sólo algunos poetas manejan esa cualidad. Kalidasa… también las temporadas.

Relato de filiación

mayo 15th, 2012 § Dejar un comentario

Sube botamangas y retrocede al salitre
se llamaban baldosas cada ruina engrudada
dispuestas en prolongación, todavía hoy, guardan tus-ellos pasos.
Esto no quiere secador… ¡con trapo y a capella!
Demoler es lo que borra, te cuchichea una voz incorpórea.
Pero aparece Sra. Vehemencia y te toma en sus manos
haciendo que restriegues el contorno de cada letra
sobre el piso.
¿Tres cacerolas, un bol de plástico verde por lo general falto?
Cierto, cierto… palanganas.
Lograron calarte las tormentas de verano.
Empero, amás la lluvia, corresponde dejarla pasar.
Cruz de sal para las ausencias. Desobediente, filtra mucho cielo.
Por las madrugadas, en cinco oscuras, sumás grietas
el imponente adobe patriarcal resquebrajado
paja-barro-barro-piedras lo unido, inevitable, vuelve a picarse.
Sesenta años se consumen en un temblor,
deben ser las equitativas contingencias del fracaso.
Tus relatos de filiación fueron vaciándote de preguntas:
te dieron vetustos muebles de pino,
estampitas postradas ante el amor por ser materno,
pastillas de alcanfor en bolsitas de camisetas
para cualquier moco mal curado,
un tapado de astracán y sus danzantes naftalinas
al paso de una que camina el día porque aún conserva
el perfume vaporoso de quien guía.
Todas tus carrozas urgen desapego
decidís cancelar los servicios pre pagos del cortejo.
A los maceteros volvés a pintarlos cada año
pero es distinto,
no contribuís con menos descascaramiento al cúmulo en la escoba
a pesar de excluirle los lamentos de la pared.
El amanecer con velas en algo repara, sí,
es cuando vuelve a aparecer la Remigton y taladrás
deshabitada, en plazas imaginadas, 1930 y boquilla,
hasta que la impotencia se apacigua.
Ver menos, remienda.
En otra nocturnidad, empezás a viajar con foquitos
lamparitas chinas de alguna indulgente estancia en el ahorro;
no se sostienen las sombras
te hallás de pared por rendija y la auto piedad mal habida
es ese pañuelo de lienzo rústico, bordado en las puntas
que siempre endiosó el momento canalla de los entreactos.
Sin ansiar antologías con nombre en letras capitales,
apedreada desconocida, tropieza fama,
armás tus libros con costura singer a pedales,
estrecho es de autor.
Aspecto desnuda, torpe marca que no es vaca.
Con nada de desesperación por lujos rimbombantes,
dedo te acercó hacia algunos lugares:
Invariable Acá es tu ciudad del paseo.
Te licenciaste en Destreza en el manejo de lluvias interiores,
especialidad comparada reboque palas aparejo y Yo Soy
porque todo esto pasa. O te mata y reanuda circos aparentes de bienestar,
con difuntos semejanza Altamira.
Ves, lo estás observando, sucede instantáneo,
que, después de todo,
cualquier ápice veleidoso también te volvió su cara.

Tengo millones… de piedras en esta casa
le juego a la payana a lo que no quiero ser
mis lares, de plata, me obsequiaron la modestia en biblioteca,
con fósforos también enciendo mi hogar de alabanza.
Voy a ver, parada, con qué potencia me sacude el último remezón.

abril 11th, 2012 § 1 comentario

Ella es el dije de la madre tierra;
ella es la gloria de las plantas todas…
Safo de Mitilene

Alguna vez, en un tiempo prudencial solitario,
me seguían lesbianas, rúbrica de pezoncillos tiezos
larvarias a mi mocedad. Peritoneal en mi algarabía,
les lamía caras antebrazos bozos; aovados preámbulos
de chiquillas ladinas. A lengua, maldecían mi ingreso.
Tarde comprendí que irrumpir en ellas enviciaba contumacia.
Estaba amándolas en retrospectiva urgente taladro de mí mutilación.
Cuando nací falo, me abandonaron agrarias,
tornaron en la Naturaleza terrible desdicha.
Puedo sentir que las extraño todavía,
chirríarles ausencia frente a mi carcinoma retoño semental.
Invoco sus senos, triste y disuelta. Sin ellas, hendí hacia la confusión.

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